Ésta es la primera vez en la historia de la humanidad que la mayoría de la población mundial –alrededor de 3.300 millones de personas– vive en ciudades y la tendencia actual muestra un paisaje urbano que sigue creciendo. Cada segundo, la población urbana aumenta en 2 personas, un incremento mucho más rápido que la capacidad de adaptación de su infraestructura.
Debido a la rápida urbanización, las ciudades se enfrentan a una creciente demanda de suministro de agua. Para poder satisfacerla, se están derivando volúmenes cada vez más importantes desde los cursos superficiales y extrayendo aguas subterráneas de mayores profundidades, lo que está conduciendo a una sobreexplotación de los recursos hídricos.
El 22 de marzo se celebra, como ya es habitual en los últimos años, el Día Mundial del Agua. El tema elegido para esta oportunidad por Naciones Unidas, "Agua para las ciudades: respondiendo al desafío urbano", tiene por objeto centrar la atención internacional sobre el impacto sobre los recursos hídricos del rápido crecimiento de la población urbana, la industrialización y la incertidumbre causada por los fenómenos naturales extremos sobre los sistemas urbanos. La relación entre el agua y las ciudades es crucial. Las ciudades requieren un enorme suministro de agua dulce y, a su vez, tienen un gran impacto sobre ella.
Cada día, 2 millones de toneladas de desperdicios se eliminan a través de los cursos de agua. En muchas ciudades, la falta de instalaciones de desagüe y drenaje y de un adecuado tratamiento de las aguas residuales, llevan a la contaminación de los recursos hídricos subterráneos y superficiales.
A ello se suma la inadecuada ubicación de viviendas y vías de comunicación, lo que hace más vulnerables a las zonas urbanas ante los fenómenos extremos relacionados con el agua, como las inundaciones o los deslizamientos de tierras.
La situación se vuelve más alarmante en los suburbios, donde sus habitantes suelen tener viviendas más precarias y peor localizadas, junto con un menor acceso a agua potable y a servicios de saneamiento. Esas carencias suelen reflejarse en enfermedades como la diarrea, el paludismo y las epidemias de cólera.
Una gestión sostenible, eficiente y equitativa del agua en las ciudades nunca ha sido tan importante como lo es en el mundo de hoy. Las ciudades no pueden considerarse sostenibles si no garantizan un acceso seguro al agua potable, un saneamiento adecuado y un reordenamiento territorial que disminuya los riesgos asociados a situaciones extremas. Hacer frente a esas crecientes necesidades es uno de los temas más acuciantes de este siglo.
Una buena gestión del agua urbana es compleja y requiere, no sólo de infraestructura de abastecimiento y de tratamiento de aguas residuales, sino también del control de la sobreexplotación y de la contaminación, y de la prevención de inundaciones. Se requiere coordinación entre sectores y entre las diferentes autoridades involucradas y cambios institucionales que conduzcan al cumplimiento de tales objetivos.
(*) Coordinador del Programa Hidrológico Internacional de UNESCO para América Latina y el Caribe
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