Por décimo noveno año consecutivo se conmemoró ayer el Día Mundial del Agua, fecha declarada por la ONU en 1992 para crear conciencia acerca del uso y consumo de este valioso recurso natural.
Precisamente para rendirle homenaje, la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la UNLP brindó una charla a cargo del Dr. en Geofísica Luis Guarracino, que disertó sobre un costado no tan difundido, aunque no por eso menos importante: el agua virtual. El concepto fue acuñado por John Allan, profesor de la Universidad de Londres, en 1993, en referencia a la cantidad de agua requerida para la fabricación de un producto agrícola o industrial. Para graficarlo, sirven algunos ejemplos: 1 kg de manzanas necesita 700 litros de agua, mientras que la misma cantidad de carne se lleva 16 mil litros.
“No es agua perdida, ya que continúa en el sistema”, aclaró el especialista, al tiempo que detalló lo que cada sector representa en el consumo mundial del líquido: el doméstico, 10%; el industrial, 20%; y el agrícola-ganadero, 70%. Como el agua dulce del planeta -que representa apenas el 3% de la masa de agua total- no está distribuida de forma equitativa (América del Sur conserva el 26% de las reservas de agua, mientras que su población representa sólo el 6% mundial), hay quienes han propuesto, a modo de solución, la importación de materias primas en lugar de producirlas, ahorrando en ese proceso todo el agua que demandaría. La mayoría de las naciones que han adoptado este sistema, entre ellos China, importa granos, cuya producción utiliza enormes cantidades de agua dulce.
Estadísticamente, nuestro país figura entre los primeros exportadores de agua virtual bajo esta modalidad. Pero, “¿eso es bueno o malo?”, se preguntó Guarracino, antes de enumerar los daños ambientales que, aunque a largo plazo, van impactando: degradación de los suelos; contaminación de las napas de agua por el uso de pesticidas y fertilizantes y disminución del agua real, debido a los sistemas de riego.
“Lo cierto es que el agua es un derecho humano básico, porque sin ella no podemos vivir, y los números de muertes por beber agua contaminada son cada vez más altos”, precisó el especialista. “El problema no es que el agua se acabe, de hecho el volumen actual es casi el mismo a cuando el planeta se formó; lo que pasa es que está cada vez más contaminada”.
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